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Condesa Yulia Pavlovna Pahlen

La Condesa Yulia Pavlovna Pahlen, por matrimonio Condesa Samoilova (1803-1875) fue un raro ejemplo de mujer que vivió como quiso en el reglamentado y rígido mundo de la aristocracia europea del siglo XIX. .Era hija del Conde Pablo Petrovich Pahlen, General de caballería del Ejército Imperial Ruso, y de su primera esposa la Condesa María Skavronskaya, descendiente de un hermano de la Emperatriz Catalina I. Ambas familias eran muy adineradas y en su momento la Condesa heredó una colosal fortuna.Dama de la corte Imperial, en 1825 se enamoró del Conde Nikolai Alexandrovich Samoilov, Ayudante de Campo del Emperador y favorito de la alta sociedad por su atractivo, su buen humor y su riqueza.



 Se casaron poco después. Pero si el matrimonio de ella fue por amor, el de él fue por imposición familiar, ya que estaba enamorado de una dama que su familia no aprobaba. Pronto el Conde comenzó a hacer una vida independiente y Yulia, que no era mujer que tolerase ese tipo de cosas, se separó de él y comenzó a hacer su propia vida, iniciando una relación con el Conde Pierre de La Feronne, Embajador de Francia en Rusia, el primero de una larga lista de amante. Es sabido que las relaciones extramatrimoniales de los hombres se consideraban naturales pero las de las mujeres no se perdonaban, por lo que la actitud de la Condesa Yulia desató un enorme escándalo y ella marchó al extranjero, instalándose en Italia. Integrada en la alta sociedad frecuentó a artistas e intelectuales y fue allí en donde comenzó una apasionada relación con el pintor Karl Bryullov, que duraría muchos años.

A la muerte en 1829 de su abuela materna Skavronskaya heredó la finca y mansión Slavyaka, cerca de San Petersburgo, que ordenó restaurar y ampliar lujosamente. Cuando las obras estuvieron acabadas en 1835, La Condesa Yulia Samoilova regresó a Rusia y se instaló en ella. Según testimonios de sus contemporáneos la residencia era la más elegante, rica y sofisticada de entre la casas nobles de la época. Allí, lejos de adaptarse a las rígidas normas de comportamiento moral que trataba de imponer el inflexible Nicolás I, Yulia Samoilova organizaba ruidosas y divertidas fiestas, en las que en ocasiones invitaba solamente a hombres, creando una relajada sociedad que irritaba profundamente en el Palacio de Invierno. Finalmente el Zar prohibió a la condesa vivir en San Petersburgo y Moscú. Ella regresó a Italia, comprando un palacio de Milán y otro en el lago de Como, además de un castillo en Francia. Viuda desde 1842, en 1846 contrajo segundo matrimonio con un joven y guapísimo tenor italiano, lo que colmó la paciencia del Zar y le hizo perder su título y su ciudadanía rusa. Para colmo el joven falleció ese mismo año.

Yulia llevaba mal el haber perdido su condición de Condesa. Tras perder la nacionalidad rusa ordenó vender la mayor parte de sus propiedades de Rusia, instalándose magníficamente en París y casándose a los sesenta años con el Conde Charles de Morne, miembro arruinado de la más rancia nobleza de Francia. Repuesta en su dignidad se separó casi inmediatamente, manteniendo el título de Condesa de Morne a cambio de pasar a su marido una generosa anualidad. Yulia nunca disminuyó su espléndido tren de vida, por lo que a su muerte en París en 1875 estaba prácticamente arruinada.

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