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El reinado fugaz del Rey "intruso" Amadeo de Saboya.

En el año 1868, se inicia una grave revolución en España que acaba provocando el exilio de la Reina Isabel II a Francia. Madre del que más tarde sería Rey de España, Alfonso XII, en el conocido
 proceso de la "restauración" por el cual la monarquía y en concreto la dinastía borbónica, vuelve a reinar en España. Tras esta revolución, se produciría una época, conocida como la del Gobierno Provisional en la que España no tenía rey.

Más tarde se produciría la constitución de 1869, que establecía a España como un país con una Monarquía constitucional, un país que estaba en una situación crítica, de miseria y convulsa. Necesitaban un rey que aceptara y jurará el cargo y eligieron a Amadeo I de Saboya, hijo del rey Italiano Victor Manuel II, pero que no tuvo las cosas nada fáciles desde el principio. Antes de jurar su cargo ya contaba con el rechazo de los denominados "carlistas", partidarios de la restauración de su dinastía, muy conservadores y católicos. Sumado al rechazo de los republicanos y de los autodenominados como Alfonsinos, partidarios de volver a restaurar la dinastía borbónica. A pesar de esto Amadeo llegó a España, concretamente a Cartagena para posteriormente entrar en Madrid el día 2 de enero de 1871.

Amadeo de Saboya
Retrato del Rey de España Amadeo I de Saboya.

Amadeo de Saboya
El Rey Amadeo I, parte en barco, desde Italia. Podemos observar en la parte derecha la bandera española e italiana.


Juró la constitución pero su reinado se convertiría en un auténtico calvario, que acabaría convirtiéndose en unos de los reinados más breves vistos en España. Concretamente duró 3 años, 1871-1873. No solo contó con un amplio rechazo desde el principio sino que su principal valedor, Juan Prín, fue asesinado al poco tiempo de su llegada. La situación en España era crítica, políticamente está muy dividida y cada sector defiende sus intereses. Todo ello agudizado por los graves conflictos que reclamaba el territorio Español de Cuba, además de los "carlistas", los cuales iniciaron una nueva Guerra Carlista en el año 1872. Amadeo I, un Rey que no quería que se derramara sangre y no quería llevar a España a más conflictos de los que tenía. Mostró su renuncia al trono de forma espontánea y urgente, refugiándose en la embajada italiana. Con el siguiente manifiesto, el cual fue dirigido a la nación española y leído por su esposa, mostró su renuncia.

"Grande fue la honra que merecí a la Nación española eligiéndome para ocupar su Trono; honra tanto más por mí apreciada, cuanto que se me ofrecía rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado. Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que antes busca que esquiva el peligro; decidido a inspirarme únicamente en el bien del país, y a colocarme por cima de todos los partidos; resuelto a cumplir religiosamente el juramento por mí prometido a las Cortes Constituyentes, y pronto a hacer todo linaje de sacrificios que dar a este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza a que su gloriosa historia y la virtud y constancia de sus hijos le dan derecho, creía que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar sería suplida por la lealtad de mi carácter y que hallaría poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban a mi vista en las simpatías de todos los españoles, amantes de su patria, deseosos ya de poner término a las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas. Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos largos años ha que ciño la Corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la Patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males. Lo he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien prometió observarla. Nadie achacará a flaqueza de ánimo mi resolución. No habría peligro que me moviera a desceñirme la Corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles; ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta, como yo, el vivo deseo de que en su día se indulte a los autores de aquel atentado. Pero tengo hoy la firmísima convicción de que serían estériles mis esfuerzos e irrealizables mis propósitos. Éstas son, señores diputados, las razones que me mueven a devolver a la Nación, y en su nombre a vosotros, la Corona que me ofreció el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores. Estad seguros de que al desprenderme de la Corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarle todo el bien que mi leal corazón para ella apetecía. Amadeo."

Palacio de Madrid a 11 de febrero de 1873.

Sin duda alguna es un manifiesto bastante sincero, en el cual podemos leer de forma expresa, los intereses que tuvo Amadeo I, de llevar a España a épocas de paz, progreso y libertad. Pero los españoles como siempre hemos demostrado en la historia, somos ingobernables entre nosotros mismos, este conflicto interno entre nosotros, llevó a un Rey involucrado a devolver nuestra corona, y volver a su tierra, con el recuerdo agrio de esta gran patria, como España.

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